Lo primero es crear una organización de tiempo diario visual para usarla de manera constante y consistente con los niños y niñas. Debe estar en un lugar del aula visible y alcanzable a todo el grupo, para que puedan verla e interactuar con ella cada vez que sea necesaria.
La organización diaria debe reflejar los momentos más importantes del día, por ejemplo, la bienvenida, las actividades variables, los periodos de colación, los recreo, despedida, entre otras.
También se hace necesario equilibrar las actividades durante el día, por ejemplo, la cantidad de experiencias activas y tranquilas, las experiencias que sean grupales e individuales, y de esta manera los niños y las niñas van a tener posibilidades durante toda la jornada de que cuenten con una variedad de modalidades en las experiencias de aprendizaje que realicen, ya que esto mantendrá al grupo involucrado y mucho más interesado y motivado en las actividades que están realizando.
Algo muy importante es referirse contantemente a la organización del tiempo y recordarla durante toda la jornada, para que los niños y las niñas conozcan en qué momento de la jornada están y qué es lo que vendrá. Esto les dará mayor seguridad, bajando sus niveles de ansiedad. Por ejemplo, avisar al grupo en el momento de pasar de una actividad a otra, nombrar y mostrar en cada momento de la jornada, y hacer evidente el cambio de una experiencia a otra.
Explicar con instrucciones claras lo que se espera para los diferentes momentos de la jornada diaria. Es muy importante explicitarlo con los niños y niñas, debemos comunicar las expectativas de forma clara para entendamos lo mismo acerca de qué y cómo se debe hacer.